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10/02/2003
Inspirados por el Movimiento de los Derechos Civiles, cientos de trabajadores que viajaron desde varias ciudades del sur del país en autobuses con destino a Washington D.C. y Nueva York en la denominada Caravana por la Libertad, hicieron escala en Atlanta con bastante éxito. Al menos cuatro mil personas se congregaron en la ciudad de Doraville (al norte de Atlanta) para persuadir al gobierno de cambiar las leyes migratorias, entre ellas, otorgar licencias de conducir a los inmigrantes indocumentados y la legalización para los millones de inmigrantes que se encuentran en el país.
Para Paul McClenan, retirado y miembro de la organización Jobs With Justice, defender los derechos que tienen los inmigrantes, como obtener la licencia de conducir, le compete de manera significativa como sindicalista.
"Creo que estamos haciendo historia. Llevo 25 años viviendo en Atlanta y nunca antes había visto tantos grupos comunitarios juntos. Creo que es de interés general para todos los que trabajan en contar con igualdad de derechos”, enfatizó McClenan.
Es la primera vez que organizaciones comunitarias y grupos sindicalistas se unen para defender a miles de inmigrantes en Georgia.
Pablo Sánchez, de México, lleva diez años en Atlanta, trabaja como obrero de construcción y no tiene licencia de conducir. Para él, apoyar esta causa es fundamental.
“Tenemos que dar la cara, mucha gente tiene miedo de participar, pero si no nos apoyamos mutuamente no vamos a lograr nada. Todos venimos con el mismo fin; trabajar y salir adelante”, puntualizó Sánchez.
Al igual que él, cientos de latinos inmigrantes portaban carteles y letreros que decían “Somos trabajadores, no se confundan”, “Queremos manejar seguros”, Somos seres humanos, exigimos un mundo mejor”, “Exigimos licencias”,“Queremos vivir con dignidad”, “No somos invisibles”, etcétera.
Cecilia Osorio, del sindicato United Food and Commercial Workers (UFCW), llegó a Atlanta proveniente de Houston y según cuenta, no parará hasta llegar a Washington.
“Todos somos seres humanos y esto sirve para darle a conocer al gobierno que nosotros también formamos parte de este país y que movilizamos la economía con nuestra fuerza laboral”, acotó Osorio.
Aron Jacobson, del Comité de Campesinos de Georgia, cree que esta es una manera lógica de protestar contra los atropellos laborales y por los derechos civiles. Además cree firmemente en que el gobierno escuchará porque “le interesa y le afecta”.
“Hoy hay bastante gente y muchos grupos unidos. El poder adquisitivo de esta comunidad es cuantiosa, y créeme, ahora los políticos y el gobierno tienen que estar preocupados”, aseguró Jacobson.
Por otro lado, un grupo reducido de opositores resguardados por la policía, también hacía sentir su opinión con respecto al tema.
Para Bill, un estadounidense que no quiso decir su apellido, la legalización de los indocumentados va en contra de los derechos civiles. “Los inmigrantes deben estar en este país legalmente. No necesitamos darle algo a alguien que está ilegalmente y que violó las leyes desde que tocó suelo estadounidense”, enfatizó.
Francisco Zamora, de la Casa Guanajuato, una organización con sede en Atlanta y que lucha por la dignidad humana, aseguró que la magnitud de este evento tendrá secuelas importantes. “Esta marcha va a tener gran magnitud porque el público en general se va a dar cuenta que algo está sucediendo. Debemos retomar el papel del activismo, porque si no lo hacemos nosotros, nadie lo va a hacer”, aseveró Zamora.
El propósito de la marcha exige además, la unificación familiar a través de la reducción de los tiempos de espera para la asignación de visas a familiares y derechos para los trabajadores indocumentados, que son explotados en un gran número, y el respeto a sus derechos civiles.
La marcha llegó ayer miércoles 1 de octubre a Washington D.C. y se reunió con miembros de otras caravanas provenientes de Las Vegas, San Francisco, Seattle, Portland, Miami entre otras.
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