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06/23/2005
Arizona.- Mientras gritan “traemos agua y comida”, “tenemos medicinas” y “no somos la migra”, el grupo de voluntarios Los Samaritanos recorre las zonas más peligrosas del desierto de Arizona en busca de inmigrantes indocumentados.
Desde hace poco más de un mes brigadas de rescate de tres o cuatro voluntarios salen todos los días con el objetivo de socorrer a los indocumentados que cruzan el desierto cerca de la región de Arivaca, bajo temperaturas superiores a los tres dígitos.
“Tenemos que gritar muy fuerte y varias veces, para ganarnos su confianza”, dijo el guatemalteco Sebastián Quinac, uno de los voluntarios. Los indocumentados se ocultan entre los escasos árboles conocidos como “palo verdes” y “mesquites” o debajo de grandes bolsas de plástico negro y trincheras naturales.
“La mayoría de la gente que encontramos está sedienta, lleva consigo muy poca o casi nada de agua y algunos de ellos han caminado por tres o cuatro días seguidos”, comentó Quinac.
Los voluntarios viajan siempre acompañados de una enfermera o un médico para asistir a los inmigrantes en caso de una emergencia.
Desde la aparición de grupos paramilitares como el proyecto Minuteman, que también ofrecía agua y comida a los indocumentados para después entregarlos a la Patrulla Fronteriza, los inmigrantes se han vuelto más desconfiados.
“Nosotros nunca los detenemos, cuando terminan de comer y de beber son libres de continuar su camino si así desean o si nos piden que quieren regresar a México, también les ayudamos”, sostuvo el voluntario.
Para evitar también ser confundidos con agentes de la Patrulla Fronteriza, Los Samaritanos procuran vestir de color blanco, con sombreros y camisas de manga larga para protegerse del sol.
Quinac, quien también cruzó la frontera de manera ilegal hace 25 años y es ahora ciudadano estadounidense, dijo que una de sus peores experiencias la vivió el mes pasado, durante uno de los recorridos.
“Estábamos comenzando a caminar cuando nos percatamos de la presencia de dos helicópteros de la Patrulla Fronteriza, cuando nos acercamos los agentes fronterizos tenían detenidos a un grupo de 10 a 12 indocumentados, donde se encontraban varios menores de edad entre 10 y 14 años”, recordó.
Entre los hombres y sentada junto a la carretera se encontraba una mujer entre los 25 y 30 años de edad quien con una niña de seis años sentada en sus piernas lloraba incansablemente, gritando y pidiendo ayuda.
“De inmediato traté de acercarme pero el oficial a cargo no me dejó acercar, es política de la Patrulla Fronteriza no dejarnos hablar con los inmigrantes una vez que ya se encuentran detenidos”, explicó el samaritano.
El agente fronterizo le dijo a Quinac que ya se les había dado agua y comida y que “todo estaba bajo control. La mujer estaba prácticamente al borde de un ataque de histeria, debido a que sus otros dos hijos de tres y cuatro años de edad estaban perdidos”, indicó.
El grupo de Los Samaritanos está integrado por 150 voluntarios que en cada viaje al desierto de Arizona socorren un promedio de 10 a 20 personas.
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