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04/25/2007
Al parecer el crecimiento de la comunidad hispana en Georgia solo está en las estadísticas del Censo, en los negocios que se ven a lo largo de la Buford Hwy. y en uno que otro rostro o palabras que se escuchan en español.
Las cifras de los miles de millones de dólares del poder de compra hispano se quedaron en los libros. Las organizaciones comunitarias se centraron en almuerzos, premiaciones y cuanto evento anual planean.
Son pocas las voces que se han manifestado en contra de propuestas de ley que solo esperan la firma del Gobernador como la SB 38, que exige presentar una identificación o licencia de Georgia para registrar un vehículo, o de la SB 15 que estipula que conducir sin licencia sea castigado más rígidamente. Cientos de conductores tendrán que tomar “el bus de retroceso”, pues realmente no se puede avanzar en este estado.
La Alianza Latina de Georgia Pro-Derechos Humanos (GLAHR, por sus siglas en inglés) o la Asociación de Funcionarios Latinos Electos de Georgia (GALEO, por sus siglas en inglés) son dos de las pocas organizaciones que se han manifestado en contra de los proyectos.
¿Qué pasa con el resto? ¿Dónde están los empresarios hispanos quienes con su dinero podrían organizar un cabildeo para contrarrestar las medidas? En el 2007 cuando se ha llamado a manifestaciones o eventos a favor de esta causa, ¿por qué solo se han visto alrededor de 100 latinos si de acuerdo con estadísticas hay miles?
Tal vez por la invisibilidad de la comunidad hispana es que Georgia toma la dirección contraria a otros estados del país. Si no hay acción no se obtienen resultados y eso es lo que ha pasado aquí y continuará sucediendo, con cruzarnos de brazos no solucionaremos nada; pero algunos políticos y aquellos que solo ven en la inmigración ilegal un mal, sí son de armas tomar y sí han peleado por lo que quieren.
Bien por quienes mantienen su posición en contra porque independientemente de su pensamiento son coherentes, pero aquellos que se han olvidado o que un día se sintieron parte de la lucha y la abandonaron deberían de recordar.
¿Qué tanto queremos a nuestra gente, a nuestras raíces? ¿Les damos la espalda y ya no nos compadecemos de su situación o no nos acordamos que hasta ayer éramos uno más de los 12 millones de indocumentados que perseguían el sueño americano?
Lo mejor es la indiferencia durante el proceso pero cuando ya no hay solución entonces sí es hora de organizar seminarios para aclarar dudas, de mostrar preocupación e indignación. En este caso es perfecto decir que los latinos estamos tarde siempre. ¿Hasta cuándo se aprenderá que es necesario tomar más acciones preventivas que correctivas?
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